En su obsesión por ser el número 1, Steve Jobs hizo algo de lo que muchos estarían avergonzados

enero 28, 2024

En su obsesión por ser el número 1, Steve Jobs hizo algo de lo que muchos estarían avergonzados

El carácter ganador de Steve Jobs es algo con lo que predicaba en cada estrofa de su vida. Desde su implicación en Apple, hasta los detalles más absurdos. Es algo que atestiguan numerosas personas que le conocieron y que queda reflejado en la única biografía autorizada por él, la que Walter Isaacson publicó en 2011, sólo unos días después del fallecimiento del cofundador de Apple.

Precisamente en esa biografía se da un fiel reflejo de los límites absurdos a los que llegaba Jobs. Un tipo que, sin hacer de menos su ingenio y su legado, tenía ciertas obsesiones extrañas. Y si no que se lo digan a quienes tuvieron que soportar sus lloros a causa de su tarjeta de empleado. Sí, lloros. Literalmente.

“Jobs tuvo una rabieta e incluso lloró” por no ser el empleado número 1 de Apple

En Apple, como en tantas otras empresas sean del tamaño que sean, los trabajadores tienen una tarjeta y número asignado. En el caso de la compañía californiana, la tarjeta servía como identificativo para poder acceder a las oficinas y a ciertas salas de estas. Y esta sirvió para comenzar uno de los primeros enfrentamientos entre Michael Scott y Steve Jobs.

Steve Jobs Numero 1 2

Imagen de archivo de Michael Scott, quien vivió en primera persona la ira de Jobs por no ser el número 1

Y no, no nos referimos al personaje de ‘The Office’ encarnado por Steve Carell, sino al que fuese el primer CEO de Applea efectos legales desde 1977 hasta 1981. Scotty, como aún le llaman algunos, contaba en la biografía de Jobs como este se cabreó profundamente por tener el número 2 y no el 1 en la tarjeta de empleado. El primer número recayó sobre Steve Wozniak, el otro cofundador de Apple y, suponemos, el número 3 en Scott.

El entonces máximo mandatario de Apple relata que entregarle el número 2 a Steve Jobs fue una decisión premeditada. “Eso alimentaría más su ego”, decía Scott al referirse a la posibilidad de haberle entregado el número 1. La pataleta que le entró a Jobs fue tal que incluso lloró.

Así las cosas, a Scott no le quedó otra que ceder, aunque con una solución intermedia: entregarle el número 0. Jobs accedió a ello, ya que aunque no fuese literalmente el 1, sí lograba ser el primer empleado de Apple al estar su número antes que el de Woz.

No obstante, la jugada no acabó por ser perfecta. Contaba también Scott que Bank of América, entidad en la que se ingresaban las nominas a los empleados, exigía que Jobs (y cualquier otro) tuviesen un número positivo. Entonces no le servía el 0, por lo que a esos efectos tuvo que regresar al 2.

No ha trascendido (tampoco en la biografía de Isaacson) si aquello último supuso o no una nueva rabieta para Jobs. Se entiende que no al ser algo administrativo del banco y no dependiente de Scott. Sin embargo, queda para la posteridad aquel cabreo por ser el número uno. Literal y metafóricamente.

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Álvaro García M.

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